Una sociedad mediatizada
En
pleno Siglo XXI asistimos al paroxismo globalizador de las relaciones sociales
facilitado por los grandes avances en las tecnologías de la comunicación e
información. En este sentido, el lenguaje multimedia, con sus innumerables
posibilidades de expresión, se presenta como un factor fundamental ya que
potencia cualitativa y cuantitativamente los contactos entre personas. Esto es
fruto de décadas de cambios, con avances y retrocesos, que han conllevado una
metamorfosis continua de la cultura que en estas épocas se ha transformado en
“digital”. Por ello lo que se observa son nuevas formas de percibir la realidad
donde aparece la idea de pertenencia a una comunidad imaginada en la que
compartimos representaciones e ideas aunque no siempre en un mismo espacio
físico.
Aunque estas transformaciones han impactado de forma general en la
sociedad, me resulta sugestivo hacer énfasis en las nuevas generaciones ya que
son los jóvenes quienes mejor se han ido adaptando a esta nueva era haciendo
suyas las novedades tecnológicas vinculadas a la comunicación, entretenimiento
y educación que han ido surgiendo. Sin embargo, entendiendo a la tecnología
como un producto social, dichos cambios se han producido en el marco de una
crisis de valores que ha generado o profundizado problemáticas sociales
vinculadas a la depresión y la soledad. Un ejemplo de ello es la patología
denominada Hikikomori que traducido a nuestro idioma es un
trastorno psicosocial que sufren muchos ciudadanos japoneses que los lleva a
encerrarse en sus habitaciones y evitar cualquier tipo de contacto directo con
otras personas. En este caso la tecnología actúa como alienante
transportándolos a los universos de los juegos y los animes para dejar atrás
los sentimientos que les generan angustia y depresión. Pero el estar recluido
en una habitación no significa carecer de todo contacto con otras personas ya
que Internet facilita la participación individual en actividades colectivas
como los chats o los blogs que permiten la
interacción con otras personas en espacios virtuales de intercambio.
En definitiva, esta nueva realidad digital ha trastocado sustancialmente
la dinámica social de los sujetos y con ello los principales pilares de la
sociedad contemporánea. La posibilidad de transformar el tiempo en instantáneo
y el espacio en cercano ha facilitado la multiplicación de las relaciones
sociales a lo largo y ancho del mundo. Sin embargo, este proceso no ha estado
exento de conflictos. Por un lado se debe resaltar que éstas no son neutrales
ya que poseen una arquitectura y una dinámica que establecen unos modos de
hacer y decir que impactan en nuestras subjetividades. Pero por otro lado, la
capacidad de agencia de los sujetos, aunque por momentos condicionada, no está
determinada por la tecnología al tener relevancia la jerarquía de valores e
intereses de los mismos. De esta forma, los alcances de la era digital
dependerán del resultado de la relación dialéctica entre tecnología y sociedad
ya que a pesar del amplio abanico de posibilidades que abre el lenguaje
multimedia si este no es acompañado por una dinámica social que impulse las
relaciones colaborativas verá mermado su potencial transformador.


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